Perú tiene el potencial de incrementar de manera significativa su producción de cobre y superar los 4 millones de toneladas anuales, si logra acelerar la ejecución de los proyectos mineros que permanecen en cartera. Así lo sostuvo Rubén Arratia, Research Director de Wood Mackenzie.
Durante su participación en el foro Geopolítica y Economía Global de EXPOMINA – America Mining Summit 2026, el especialista señaló que el país podría pasar de los actuales 2,7 millones de toneladas a más de 4 millones de toneladas de cobre por año. Ello mediante el destrabe de inversiones mineras, valorizadas en aproximadamente US$46.000 millones.
Destrabe de proyectos mineros
Según Arratia, el principal desafío para Perú no está en la disponibilidad de recursos minerales, sino en la velocidad con la que estos pueden convertirse en nuevos proyectos productivos.
El ejecutivo señaló que algunos proyectos mineros peruanos pueden tardar entre 20 y más de 30 años en concretarse. Mientras tanto, en otros países de la región están implementando condiciones para acelerar inversiones y captar capital internacional.
Esta diferencia representa un reto para Perú, que busca convertir su ventaja geológica en una mayor capacidad productiva y exportadora.
Impacto de la producción de cobre
El incremento de la producción cuprífera no solo significaría un mayor volumen de mineral extraído. De acuerdo con Wood Mackenzie, el desarrollo de nuevos proyectos permitiría ampliar las exportaciones, generar mayores ingresos de divisas y aumentar la recaudación fiscal.
También tendría efectos sobre el empleo y las economías regionales donde se desarrollen las operaciones mineras. Ello debido a la demanda de servicios, infraestructura, proveedores y mano de obra asociada a los proyectos.
La magnitud de la cartera de US$46.000 millones convierte al destrabe de inversiones en uno de los principales factores para determinar cuánto puede crecer la producción peruana de cobre en los próximos años.
Chile y Argentina compiten por atraer nuevas inversiones
El escenario regional también incrementa la presión competitiva sobre Perú. Arratia indicó que Chile está ofreciendo contratos de estabilidad tributaria de hasta 25 años y ha introducido cambios para mejorar sus condiciones de inversión.
Argentina, por su parte, ha reducido regulaciones y ofrece estabilidad tributaria de hasta 40 años. Como ejemplo de esta competencia por atraer grandes capitales, mencionó el proyecto Vicuña, cuya inversión supera los US$18.000 millones.
Para Perú, el desafío consiste en mantener su atractivo frente a estas alternativas y reducir los tiempos necesarios para que las inversiones pasen de la etapa de proyecto a la producción.
Crece demanda de cobre
La oportunidad también está relacionada con las perspectivas de consumo mundial. Wood Mackenzie proyecta que la demanda global de cobre podría aumentar de 34 millones a 54 millones de toneladas en las próximas décadas.
Esto implicaría incorporar unos 20 millones de toneladas adicionales de cobre al mercado, un incremento superior a los aproximadamente 15 millones de toneladas que se sumaron durante todo el último superciclo de materias primas.
Latinoamérica ocupa una posición estratégica en este escenario. La región concentra alrededor del 50% de las reservas mundiales de cobre y entre 40% y 45% de la producción global, mientras que Chile, Perú y Argentina reúnen cerca de la mitad de los proyectos cupríferos actualmente en desarrollo en el mundo.
El potencial de Perú dependerá, por tanto, de su capacidad para transformar los recursos disponibles y la cartera de proyectos en nueva producción. El ritmo de ejecución de las inversiones será determinante para definir si el país puede acercarse a una producción superior a 4 millones de toneladas anuales y aprovechar el crecimiento previsto de la demanda mundial de cobre.

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